Inocentes en malas manos.

Inocentes en malas manos.

13 junio, 2017.

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Un niño es maltratado o sufre abusos cuando su salud física y su seguridad o su bienestar psicológico, se hallan en peligro por las acciones infligidas por sus padres o por las personas que tienen encomendado su cuidado.

Los niños que sufren frecuentes o graves castigos físicos tienden a reproducir actitudes violentas, ya sea para conseguir sus fines o incluso sin motivación aparente.

Los signos del maltrato físico son: quemaduras, fracturas o hematomas, que aparecen bruscamente sin una explicación convincente.

Otro tipo de maltrato es el abandono o negligencia, descuidos importantes en la esencial tarea de cubrir las necesidades básicas del niño, ya sea en educación, salud y seguridad o bienestar. Estamos ante un abandono físico cuando se desatiende la salud del niño, se le expulsa de casa o se le deja repetidamente al cuidado de menores.

El maltrato emocional, es una de las formas más extendidas de maltrato infantil y quizá la más tolerada socialmente. Son niños insultados, menospreciados o ridiculizados precisamente por los adultos que deberían fomentar su autoestima y crecimiento personal. Esta violencia causa en los niños perturbaciones que influirán en su salud psíquica.

Por otro lado enlazando con el tema del maltrato infantil, podemos destacar el abuso sexual que consiste en los contactos entre un adulto y un niño que proporcionan satisfacción sexual al adulto sin que el niño pueda dar un consentimiento consciente. La mayoría se producen en el ámbito del hogar.

El que abusa normalmente es miembro de la familia o una persona allegada. De todos modos, es habitual que el niño que sufre abusos sexuales se niegue a hacer ejercicios físicos en la escuela, muestre conductas o conocimientos sexuales inapropiados para su edad y que pretenda iniciar contactos sexuales con niños menores que él.

Un niño puede estar sufriendo malos tratos cuando se dan estas circunstancias:

  • Cambios repentinos en su conducta habitual.
  • Problemas físicos que no reciben atención de sus padres.
  • Se muestra ansioso y expectante como si algo malo fuera a pasar.
  • Absentismo escolar injustificado.
  • La familia se interesa poco por el proceso escolar del hijo y no acude al colegio cuando se le llama.
  • Los padres niegan que el niño tenga problemas y a la vez lo desprecian por su conducta.
  • La familia exige al niño metas inalcanzables para su capacidad.
  • Los padres o adultos a su cargo le ridiculizan frecuentemente.
  • Los niños no miran a la cara a la gente o hablan mal de casi todo el mundo.

Es un problema de dimensión e interés comunitario, la sociedad en su conjunto debe buscar las soluciones, pero cuando un particular alimenta fundadas sospechas de que un niño o niña está sufriendo malos tratos debe actuar con responsabilidad ética y con la máxima prudencia.

Lo primero es poner el caso en manos de los Servicios Sociales, que determinarán cómo se aborda la situación desde el aspecto legal, psicológico, familiar, escolar y contando con la colaboración de las instituciones especializadas en atención a menores. Si las intervenciones públicas tardan en actuar, no lo hagamos nosotros directamente ante el niño ni ante la familia. Y mucho menos aún, convirtamos estos hechos en objeto del cotilleo y morbo de la vecindad.

“Como tratas, te tratarán. Los niños aprenden también por observación. No olvidemos que escuchan pero además, miran”.

Mª José Morgado Olivencia
Maestra de Educación Infantil


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