El peligro de poner “etiquetas”.

El peligro de poner “etiquetas”.

23 noviembre, 2016.

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Cuántas veces  habremos oído o incluso, ¿por qué no decirlo? expresado algo como: “ese niño es muy callado” o “esta es la niña más mala de la clase”.

Muchos padres, madres, tutores, etc. tienden a etiquetar a los niños pensando que esto no les perjudica o que incluso llamándoles “pesado”, “lento”, “despistada”, “torpe”… podrán mejorar comportamientos que a los adultos no les parecen correctos. Pero lamentablemente, la realidad es bien distinta; con ello lo que conseguiremos será que su autoestima se vea gravemente perjudicada.

Hay que tener mucho cuidado con lo que se le dice a un niño, porque  posiblemente, éste se convertirá inconscientemente en aquello que se dice de el., lo que conocemos con el nombre de “Efecto pìgmalión”

Las etiquetas son “profecías” autocumplidas, es decir, lo que se le diga a un niño puede condicionar su carácter y personalidad.

Algunos de los peligros de etiquetar a los niños son:

  • Las etiquetas no ayudan a solucionar los problemas que pueda haber.
  • Una etiqueta puede estar equivocada y ser cruel.
  • Las etiquetas no ayudan a que los niños cambien y crezcan. Si un niño es siempre etiquetado como, por ejemplo, el vago de la clase, siempre se sentirá así y pensará que es una tontería esforzarse si siempre será el vago haga lo que haga.
  • Una etiqueta no tiene en cuenta las cosas que realmente son importantes. Si un niño no consigue los objetivos marcados se dice que es “torpe”, “lento”, “vago”, etc., pero no se tienen en cuenta aspectos como la motivación, la voluntad, el interés, el esfuerzo, la capacidad en otras áreas…

Por lo tanto, cuando se etiqueta a los niños  se esta reduciendo toda su persona a una o dos palabras, cuando no debería ser nunca así.

La solución sería intentar evitar las etiquetas negativas y darle, en la medida de lo posible, una vuelta de tuerca a la situación e intentar verle el lado positivo (aunque a veces sea complicado).

  • Un niño al que le guste jugar solo no tiene que ser el “raro”, simplemente puede ser INTROVERTIDO.
  • Una niña que quiere hacer todo sola y sin ayuda de nadie no tiene que ser “cabezona”, puede que sea TENAZ y/o LUCHADORA.

En conclusión,  si motivamos y hacemos sentir al niño que es capaz, que tiene fuerza de voluntad y se siente confiado, realmente alcanzará las expectativas que los adultos depositen en el.

Es importante también, emplear refuerzos positivos ya que éstos les pueden ayudar, motivar y evitar marcarles (muchas veces, gran parte de su vida) con una etiqueta que en la mayoría de los casos, puede ser injusta.

Beatriz Garzón Barros
Técnico superior en Educación Infantil


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